Lula, The Charismatic Leader, Servant Of The People – Leonard Boff

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Lula, the charismatic leader, servant of the people
Leonardo Boff
Eco-Theologian-Philosopher
Earthcharter Commission

Every society reinforces its identity with great symbols that provide clarity and direction. These symbols are found in special monuments, such as El Cristo del Corcovado, in an entire city, such as Brasilia, in the images of Aleijadinho’s Prophets, the statues that adorn the public squares, and other locations. Street names evoke the memory of writers, poets, artists: figures lodged in the collective consciousness. In the political world, Getulio Vargas’ predominance cannot be denied. He is one of the greatest political leaders in our history, who gave Brazil a new direction and brought her into the modern world, particularly benefiting the working class.

The figure of Luiz Inacio Lula da Silva belongs in this line. No one can deny his charisma, recognized in Brazil and around the world. The strength of his charisma lies in that he comes from the forgotten classes, abandoned by the elites, who have always controlled the State, with policies that only benefited the elites, always against the Brazilian people. The elites never had a program for Brazil; they only looked after their own well being.  Suddenly, Lula emerged on the Brazilian political scene, endowed with an exceptional charisma, and representing the victims of the Brazilian tragedy, characterized by the world’s greatest social inequality-injustice. Even though he was forced to accept the logic of the perverse capitalist economy, exclusive and therefore anti-democratic by nature, Lula managed to open paths that benefited millions of Brazilians, starting with the Programa Hambre Cero (Zero Hunger Program) and followed by several other social policies.

Those who call him a populist and social worker know nothing about hunger, that Gandhi affirmed is an insult, because hunger humiliates, dehumanizes and destroys body and spirit; hunger is the worst murderer that exists. Whenever anything is done to benefit the most needy, the wealthy elites and their allies criticize it as populism by do-gooders, if they cannot use the poor for their political ends. They forget what is basic in any society that is minimally civilized: the first task of the Government is to guarantee and protect the life of the people; and to not force them into the exclusion and misery that victimizes the children and makes them face an early death. The wave of hatred and slander that arises in the country is born of the spirit of the heirs of La Casa Grande: their former contempt for the slaves is now directed at the poor, the Blacks, especially poor Black and other women.

With his inclusive programs, Lula not only satisfied the hunger and other needs of some 40 million people, he returned to them that which is most important: their dignity, and the awareness that they are citizens, and the sons and daughters of God.

The true leader serves a cause that goes far beyond himself. The son of Northern poverty, Lula offered himself as President, so that no Brazilian would go hungry. How many times I personally heard him say that the sole meaning of his life and his politics was to give centrality to the poor and extract them from the hell of poverty. Once, coming with him in a car from San Bernando, passing through a lonely place, Lula had the car stop, and confessed to me: many times, leaving the factory, I would sit here on this grass and cry because I had nothing to take to my brothers, who were at home hungry. Lula, as Head of State, wanted to create the conditions so that no one would have to cry from hunger.
Lula was and is a leader who serves this cause. A charismatic leader who serves speaks to people’s core. Hence is born the enthusiasm and attraction that all leaders elicit. How many times, in my walks by the communities of the periphery, I hear this phrase: Lula was the only one who thought of us, the poor, and did good things for us. He has limitations that are part of the human condition, and has even made political mistakes. But never could be said that he abandoned the basic purpose of his life and his political action. This can be seen in the fact that he always spent Christmas with the mendicants who are cared for by Padre Julio Lancelotti, under a bridge in Sao Paulo. There he could be with his brothers and sisters of destiny, and show them solidarity and companionship.

The viciousness of those who want a Brazil with privileges for the few, has managed to throw him in jail. But the dream of a Brazil that is rich because she does not have people living in misery can never be jailed. Lula with his dream is immortal and he is, as the Jewish tradition puts it, a man of justice among nations.

These few examples show how someone can be a political leader who serves the people and arouses in them the same spirit of solidarity and constructive service.

This attitude speaks of a different Brazil, one that we want and deserve, encouraged by representatives who make of politics, as Gandhi said, a loving gesture towards the people and a caring for all that is common. Lula belongs in that honorable tradition.

Leonardo Boff
04-15-2018

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Lula, el carismático líder servidor
Leonardo Boff

Toda sociedad refuerza su identidad a través de grandes símbolos que le hacen ganar nitidez y le indican una dirección. Esos símbolos se encuentran en los monumentos referenciales como el Cristo del Corcovado, o en una ciudad entera como Brasilia, o en las imágenes de los profetas de Aleijadinho, en las estatuas que adornan las plazas y otras. Los nombres de las calles reavivan la memoria de escritores, de poetas, de artistas, de figuras que permanecen en la conciencia colectiva. En el mundo político no se puede negar la predominancia de Getúlio Vargas, uno de los mayores líderes políticos de nuestra historia, que dio otro rumbo a Brasil y lo introdujo en el mundo moderno, beneficiando particularmente a la clase trabajadora.

En esta línea se sitúa la figura de Luiz Inácio Lula da Silva. Nadie puede negarle el carisma que tiene reconocido nacional e internacionalmente. Lo decisivo de su figura carismática es que proviene de las clases abandonadas por las élites que siempre ocuparon el Estado y elaboraron políticas que les beneficiaban a ellas, de espaldas al pueblo. Nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sólo para sí mismas
De repente, irrumpe Lula en el escenario político con la fuerza de un carisma excepcional, representando a las víctimas de la tragedia brasileña, marcada por una desigualdad-injusticia social de las mayores del mundo. Incluso teniendo que aceptar la lógica del mercado capitalista, perversa porque es excluyente y por eso antidemocrática por naturaleza, logró abrir brechas que beneficiaron a millones de brasileños, comenzando con el programa del Hambre Cero y siguiendo con otras varias políticas sociales.

Los que le critican de populista y asistencialista no saben lo que es el hambre, que Gandhi afirmaba que era «un insulto, porque humilla, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe». Siempre que se hace algo en beneficio de los más necesitados, surge la crítica de las élites adineradas y de sus aliados, de populismo y de asistencialismo cuando no de uso político de los pobres. Olvidan lo que es elemental en una sociedad mínimamente civilizada: la primera tarea del Estado es garantizar y cuidar la vida de su pueblo, y no dejarlo en la exclusión y en la miseria que hacen víctimas a sus niños y los hacen morir antes de tiempo. La ola de odio y de difamación que brota actualmente en el país nace del espíritu de los herederos de la Casa Grande: el desprecio que dedicaban a los esclavos lo han pasado a los pobres, a los negros, especialmente a las mujeres negras y a otras pobres.

Lula con sus proyectos de inclusión no sólo sació el hambre y atendió a otras necesidades de casi 40 millones de personas, sino que les devolvió lo más importante que es la dignidad y la conciencia de que son ciudadanos e hijos e hijas de Dios.

El verdadero líder sirve a una causa más allá de sí mismo. Lula, hijo de la pobreza nordestina, se propuso como Presidente que ningún brasilero tuviese que pasar hambre. Cuántas veces lo oí personalmente decir que todo el sentido de su vida y de su política era dar centralidad a los pobres y arrancarlos del infierno de la miseria. Una vez, viniendo en coche con él de San Bernando, pasando por un lugar solitario hizo parar el auto para confesarme: “muchas veces, saliendo de la fábrica, me senté aquí en esa hierba y lloraba porque no tenía nada para llevar a mis hermanos que en casa pasaban hambre”. Como Jefe de Estado quiso crear las condiciones para que nadie tuviese que llorar por hambre.

Lula fue y es un líder servidor de esta causa. El líder carismático servidor habla a lo profundo de las personas. De ahí nace el entusiasmo y atracción que todo líder suscita. Cuántas veces, en mis andanzas por las comunidades de la periferia oí esta frase: “Lula fue el único que pensó en nosotros, los pobres, e hizo cosas buenas para nosotros”. De él se pueden apuntar limitaciones que pertenecen a la condición humana, incluso equivocaciones políticas, pero jamás se podrá decir que abandonó el propósito básico de su vida y de su acción política. Señal de ello es que pasaba las Navidades con los mendigos, cuidados por el Padre Júlio Lancelotti, bajo un puente en São Paulo. Se encontraba a sus hermanos y hermanas de destino mostrándoles solidaridad y compañía.

La saña de los que quieren un Brasil de privilegios para pocos, ha conseguido aprisionarlo. Pero el sueño de un Brasil rico porque no tiene miserables jamás podrá ser apresado. Lula con su sueño es inmortal y se hace, como se dice en la tradición judía, “un justo entre las naciones”.

Estos pocos ejemplos muestran cómo se puede ser un líder político servidor del pueblo y suscitar en sus seguidores el mismo espíritu de servicio solidario y constructivo.
Tal actitud apunta a otro tipo de Brasil, que queremos y merecemos, animado por representantes que hacen de la política, al decir de Gandhi «un gesto amoroso para con el pueblo y un cuidado por todo lo que es común». Lula se inscribe en esta honrosa tradición.

Leonardo Boff
15-4-2018